Miles de voces, una consigna clara: “No hay reyes”. Así se vivió este sábado la tercera jornada nacional de protestas contra la administración del presidente Donald Trump, con concentraciones en los 50 estados y una movilización central en St. Paul, Minnesota.
Los organizadores aseguraron que millones de personas participaron en lo que calificaron como la mayor jornada de acción no violenta en la historia del país. Más de 3,200 marchas fueron convocadas no solo en Estados Unidos, sino también en ciudades de otros continentes.
La indignación no tiene un solo origen. Los manifestantes señalaron la guerra con Irán, el aumento en el precio de la gasolina y la política de deportaciones masivas como detonantes de una protesta que sigue creciendo.
Minnesota no fue elegida al azar. Las Ciudades Gemelas siguen marcadas por los hechos de enero, cuando Alex Pretti y Renee Good murieron durante una operación federal contra inmigrantes. Sus nombres aún pesan en la memoria colectiva.
“Desde las últimas protestas, hemos visto subir los precios y una guerra ilegal en Irán”, declaró Sarah Parker, coordinadora nacional del grupo 50501. “También hemos visto a ciudadanos estadounidenses ejecutados. El pueblo está furioso. Exige que no haya reyes”.
En St. Paul, el gobernador Tim Walz fue directo: “Minnesota no olvidará lo que hicieron aquí”, dijo ante una multitud que respondió con aplausos. Señaló lo que calificó como una amenaza a la democracia y criticó duramente la actuación federal en el estado.
El momento tomó un giro simbólico cuando el escenario recibió a Bruce Springsteen. El músico, crítico abierto del presidente, recordó a las víctimas de enero: “Su valentía y sacrificio no serán olvidados”, afirmó. Luego lanzó un mensaje que resonó entre los asistentes: “Eligieron la ciudad equivocada”.
Entre la multitud estaban familias completas. Reed y Amy Sorensen llegaron con sus hijos. “Estamos aquí por la guerra, por la inmigración y por la falta de justicia”, dijo Reed. Amy añadió: “El país nos está mirando. Y estamos respondiendo en paz”.
Y en su mayoría, así fue. Grandes ciudades reportaron marchas pacíficas, con decenas de miles de asistentes y sin arrestos. Pero no en todos lados.
En Los Ángeles, la policía arrestó a más de 70 personas tras enfrentamientos donde, según autoridades, se lanzaron bloques de concreto. En Dallas se reportó un arresto, y en Portland varios manifestantes fueron detenidos frente a una instalación de ICE.
Mientras tanto, una encuesta nacional de NBC News reveló que la mayoría de votantes desaprueba la gestión del presidente en temas clave como inmigración, inflación y política exterior.
El movimiento “No Kings”, respaldado por organizaciones como la ACLU, MoveOn y Public Citizen, ha ido creciendo desde su primera protesta en junio de 2025. En octubre, aseguran, más de 7 millones de personas se sumaron a la jornada global.
Incluso fuera del país, el mensaje se replicó. En París, una mujer sostenía un cartel que decía: “Cambio de régimen en EE. UU.”.
Los organizadores destacan un dato clave: más de la mitad de las protestas del sábado se realizaron en estados de tendencia republicana o territorios electorales clave. “No es un tema partidista”, afirmó Lisa Gilbert, de Public Citizen. “Es un acto patriótico”.
Desde la Casa Blanca, la respuesta fue breve y despectiva. “A los únicos que les importan estas sesiones anti-Trump son los periodistas”, dijo la portavoz Abigail Jackson.






