En medio del caos político y con miles de viajeros enfrentando largas filas, el presidente Donald Trump anunció una medida que ya genera preguntas: agentes de inmigración estarán presentes en aeropuertos de todo Estados Unidos desde este lunes.
La decisión llega en un momento crítico. El cierre parcial del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ya supera un mes, y sus efectos comienzan a sentirse en uno de los puntos más sensibles del país: la seguridad aérea.
“El lunes, ICE acudirá a los aeropuertos para ayudar a nuestros maravillosos agentes de la TSA”, escribió Trump en su red Truth Social. Y añadió una frase que no pasó desapercibida: “¡El gran Tom Homan está al mando!”.
Homan, conocido como el “zar fronterizo” de la Casa Blanca, confirmó que el plan aún se ajusta. No todos los detalles están claros. No hay lista oficial de aeropuertos. Solo se sabe que Atlanta ya confirmó la llegada de estos agentes.
Pero, ¿qué harán exactamente?
“No considero que un agente de ICE deba estar viendo las máquinas de rayos X; no tienen esa capacitación”, explicó Homan a CNN. Su enfoque es otro: tareas de apoyo. Vigilancia en salidas, control de accesos, funciones básicas que liberen a los oficiales de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) para concentrarse en lo técnico.
La medida responde a una realidad preocupante. Los trabajadores de la TSA están laborando sin paga debido al cierre parcial. Muchos han dejado de presentarse. Al menos 400 han renunciado, según NBC News. El resultado: filas más largas, retrasos y creciente frustración entre los pasajeros.
Desde el DHS, la narrativa es clara. Acusan a los demócratas de provocar un “cierre descuidado” y aseguran que el despliegue de ICE busca mitigar el impacto en los aeropuertos más afectados. Sin embargo, no especificaron cuáles.
Mientras tanto, en el Senado, el enfrentamiento continúa.
Los demócratas se niegan a aprobar más fondos para el DHS sin imponer condiciones a ICE: identificación visible de agentes, prohibición de cubrirse el rostro, y mayores controles en sus operaciones. Exigencias que surgen tras incidentes graves, incluyendo la muerte de dos ciudadanos en enero durante operativos de agentes federales.
Los republicanos, por su parte, rechazan esas condiciones. Este fin de semana bloquearon una propuesta demócrata que buscaba financiar únicamente a la TSA mientras continúan las negociaciones.
“Es la séptima vez que los republicanos bloquean la financiación de la TSA”, denunció el líder demócrata Chuck Schumer, acusándolos de usar a la agencia como “rehén”.
Desde el otro lado, el senador republicano John Hoeven insiste en que ya han ofrecido concesiones: cámaras corporales, más entrenamiento y restricciones en arrestos en lugares sensibles como iglesias, hospitales y escuelas.
Pero no ha sido suficiente.
El resultado es un Congreso estancado, trabajadores sin salario y un sistema aeroportuario bajo presión.
En medio de todo, Trump también busca mover fichas. Ha nominado a Markwayne Mullin para liderar el DHS, con la intención de que sea confirmado antes del 31 de marzo.






