La lucha por el control político en Estados Unidos vuelve a encenderse, y esta vez el epicentro está en el sur del país. Alabama y Tennessee han decidido actuar con rapidez tras un reciente fallo de la Corte Suprema que debilita una de las protecciones más importantes de la Ley de Derechos Electorales.
Los gobernadores republicanos de ambos estados han convocado a sesiones extraordinarias de sus legislaturas. El objetivo es claro: rediseñar los mapas electorales antes de las próximas elecciones. Pero detrás de ese movimiento hay algo más profundo una batalla por representación, poder y, según críticos, por la voz de las minorías.
En Alabama, la gobernadora Kay Ivey llamó a los legisladores a reunirse en Montgomery desde el lunes. Busca aprobar planes que permitan incluso elecciones primarias extraordinarias si los tribunales lo permiten. La meta, según líderes republicanos, es ambiciosa: asegurar que los siete escaños del estado en la Cámara de Representantes queden en manos republicanas. Actualmente, dos de esos puestos son ocupados por demócratas.
“Esto daría a nuestro estado una oportunidad real”, afirmaron legisladores republicanos, dejando claro que el rediseño no es solo técnico, sino estratégico.
Mientras tanto, en Tennessee, el gobernador Bill Lee también activó a la legislatura a partir del martes. En este caso, el enfoque apunta directamente a Memphis, una ciudad de mayoría afroamericana. El plan busca dividir el único distrito congresional que actualmente está en manos demócratas.
El detonante de estas acciones fue el fallo de la Corte Suprema que anuló un distrito de mayoría afroamericana en Luisiana, argumentando que se había dado demasiado peso al factor racial. Esa decisión ya está provocando un efecto dominó en varios estados del sur.
El expresidente Donald Trump no tardó en reaccionar. En redes sociales, instó a más estados a seguir este camino, asegurando que su partido podría ganar hasta 20 escaños adicionales en el Congreso.
“Debemos exigir que las legislaturas estatales hagan lo que la Corte Suprema dictamina”, escribió Trump. “Eso es más importante que la conveniencia administrativa”.
La redistribución de distritos, que normalmente ocurre una vez por década tras el censo, ahora se ha convertido en un campo de batalla constante. Texas, California y otros estados ya han entrado en esta dinámica. Hasta ahora, al menos ocho estados han adoptado nuevos mapas antes de las elecciones de medio término.
Los números reflejan el impacto potencial: republicanos estiman ganar hasta 13 escaños en cinco estados, mientras demócratas calculan hasta 10 en tres estados distintos.
Pero no todos están de acuerdo con este rumbo.
El senador demócrata Raphael Warnock, desde el histórico púlpito de la Iglesia Bautista Ebenezer en Atlanta, lanzó una advertencia cargada de historia.
“Este no es un método nuevo. Es un método antiguo. Es un método de la era de Jim Crow”, dijo, comparando estas acciones con prácticas del pasado destinadas a debilitar el voto afroamericano.
En Alabama, el panorama legal es complejo. Un tribunal federal ya había ordenado el uso de un mapa con mayor representación afroamericana hasta después del censo de 2030. Sin embargo, el estado busca revertir esa decisión apoyándose en el reciente fallo de la Corte Suprema.
Si los tribunales lo permiten, podrían celebrarse elecciones primarias especiales en cuatro distritos clave.
“Alabama conoce mejor que nadie a su gente”, sostuvo la gobernadora Ivey.
Las críticas no se hicieron esperar. El exsenador Doug Jones calificó la medida como un intento de “acaparar el poder y eliminar representación afroamericana”.
En Tennessee, la situación también genera preocupación. El plazo para registrar candidatos ya pasó, y las primarias están programadas para agosto. Cambiar las reglas ahora podría desatar otra batalla judicial.
“No podemos seguir haciendo esto y llamarnos democracia”, expresó la senadora estatal Raumesh Akbari frente al Museo de los Derechos Civiles en Memphis.






