El conflicto en el extranjero ya comienza a sentirse en casa. Y podría sentirse aún más.
Mientras crece la tensión con Irán, los precios del petróleo crudo han subido un seis por ciento en cuestión de días. Ese aumento, advierten expertos, terminará reflejándose en las estaciones de servicio de todo Estados Unidos.
Hace apenas una semana, los conductores celebraban un alivio: la gasolina había alcanzado su precio más bajo en cinco años. Hoy, ese respiro podría estar llegando a su fin.
“Cada centavo cuenta”, dijo Tatyana Bruce, residente de Memphis. Como miles de familias, Bruce vigila de cerca el marcador en la bomba de gasolina. Sabe que cualquier aumento afecta el presupuesto del hogar.
Pero el impacto podría ir más allá de unos cuantos centavos.
Michael Kofoed, profesor adjunto de economía en la Universidad de Tennessee en Knoxville, explicó que todo dependerá de la duración del conflicto. “Si se trata de un conflicto largo y prolongado, probablemente la gente sentirá ese tipo de dolor”, afirmó.
Kofoed no habla a la ligera. Antes de llegar a la Universidad de Tennessee, impartió economía de la seguridad nacional y economía de la defensa en West Point. Además, forma parte de la junta directiva de la Asociación de Economía de la Seguridad Nacional.
Aunque Estados Unidos no compra petróleo directamente a Irán, el mercado energético es global. Si Irán amenaza con cortar el suministro a otros países, el impacto sería inmediato.
“Si se reduce el 20% del suministro mundial debido al conflicto, se producirá un aumento repentino”, explicó Kofoed.
La preocupación aumenta ante la posibilidad de que Irán bloquee el Estrecho de Ormuz, una vía marítima estrecha pero estratégica por donde transita cerca del 20% del comercio mundial de petróleo. Un cierre, aunque sea temporal, podría sacudir los mercados internacionales.
Las señales ya están ahí. El lunes, los futuros del diésel alcanzaron su nivel más alto en dos años, con un incremento del 17%.
Y cuando sube el diésel, sube casi todo.
“Si tengo que pagar más por enviar mercancías o más para que un avión despegue, eso se trasladará al consumidor”, advirtió Kofoed. “En ese caso, podríamos hablar de un shock de oferta”.
Memphis, como centro logístico clave del país, no está aislado de ese efecto dominó. Dursun Peksen, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Memphis, señaló que la economía local podría resentir el golpe si el conflicto se prolonga.
“La economía de Memphis podría verse afectada indirectamente por el aumento repentino de los precios del petróleo, si esto se convierte en un conflicto prolongado”, explicó.
Más allá de los números y los mercados, también hay una dimensión humana.
Para Tatyana Bruce, la preocupación no se limita al precio en el surtidor. Su angustia es más profunda. “El padre de mi hijo es soldado allí”, dijo con voz firme. “Solo quiero que estén a salvo. Realmente no me importa el precio de la gasolina, siempre y cuando los soldados regresen a casa con sus familias”.
El mercado puede ajustarse. Los precios pueden subir o bajar. Pero para muchas familias, lo que está en juego va mucho más allá del combustible.
La pregunta ahora es clara: ¿será una tormenta pasajera en los mercados, o el inicio de un nuevo golpe al bolsillo de los estadounidenses?






