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Ellas iban a Murfreesboro, en Tennessee, pero solo Albertina lo logró.

Ellas iban a Murfreesboro, en Tennessee, pero solo Albertina lo logró.

Lo primero que Albertina Contreras dice haber escuchado, después de poner los pies en territorio estadounidense, poco antes de que la esposaron y su hija fuera llevada a un centro de detención para niños, fue: “son animales”.

Ellas iban a Murfreesboro, pero solo Albertina lo logró.

La hija de Albertina Conteras, Jacqueline, es una de los miles de niños que actualmente están detenidos en instalaciones de inmigración a pesar de las órdenes de comenzar a reunificarlos con sus familias.

Ahora, los abogados están tratando de reunir a la familia, en uno de los primeros casos de separación familiar identificados en Tennessee.

Contreras intentó pedir asilo, y fue arrestada rápidamente por un grupo de agentes de la patrulla fronteriza, junto con su hija de 11 años, Jacqueline, cuando intentaban cruzar a Estados Unidos, desde México.

“Dijeron “no entiendes”. Eres un animal. ¿No ves las noticias? No queremos ver más inmigrantes aquí “, dijo Conteras. “Los niños lloraban y gritaban, pero no les importaba”.

Fue irónico, dijo, porque ese es el tipo de nombre que su ex novio la llamaría, ya que regularmente la golpeaba delante de sus tres hijos. Llamó a la policía varias veces, pero no hicieron nada.

Fue por eso que decidió comenzar el viaje de tres semanas desde Guatemala a los Estados Unidos a principios de Mayo. Ella dejó a sus dos hijos pequeños con su hermana. Una decisión dolorosa, dice, pero el viaje era demasiado peligroso.

Su hija, sin embargo, no podía esperar.”Si la abandonaba, correría el riesgo de ser una víctima como lo fui yo en el pasado, de violencia, de violación o incluso cosas peores”, agregó.

Esa noche en la frontera, fue la última vez que Contreras vio a su hija. Ambas fueron detenidas y alojadas en instalaciones separadas en Texas.

Durante semanas, Contreras no sabía dónde estaba Jacqueline. Ella dijo que pasó los primeros ocho días de su arresto en confinamiento solitario, después de que un consejero le preguntara si alguna vez en su vida había considerado suicidarse, a lo que ella respondió: “Sí”, cuando me estaban maltratando en Guatemala”.

Le pusieron un brazalete rojo en el brazo. Nadie explicó lo que eso significaba.

También dijo que estuvo sola en una habitación diminuta durante 23 horas al día, dejándola solo salir para ducharse, sin jabón ni champú, y para ver un poco de televisión en el tiempo que le sobraba.

Después de que el presidente Trump firmara una orden ejecutiva el mes pasado, Contreras fue marcada con un brazalete en el tobillo y puesta en libertad. Para ese entonces, ella había sido detenida un mes y un día.

Llegó a Tennessee donde tiene algunos parientes, pero vino sola.

La organización sin fines de lucro donde Jacqueline está detenida, la Casa Antigua de Southwest Key, se negó a liberarla, a menos que todos los Contreras dejaran las huellas digitales para ser enviadas al Departamento de Salud y Servicios Humanos.

La oficina legal que representa a Contreras dice que el documento que tienen que firmar renuncia a todos los derechos de apelación, y autoriza que su información se comparta con otras agencias gubernamentales.

Obviamente la familia estaba aterrorizada, pero su abogada, Marlee Deck, dijo que el proceso solo debería aplicarse a menores no acompañados, no a niños separados de sus padres.

“Tendrían que pasar por este largo proceso para verificar que es un guardián apto, que es un hogar seguro, todos estos factores que solo tendrían sentido, si el niño fuera con alguien que no fuera el padre”, dice Deck.

El Martes por la tarde, un juez de San Diego estuvo de acuerdo. Él ordenó a los funcionarios que dejaran de tratar a estos niños como si no estuvieran acompañados, lo que efectivamente puso fin a la demanda de huellas dactilares en casos como el de Contreras.

“No significa que los lugares que albergan a estos menores vayan a ser más obedientes con nosotros”, dice Deck. “Simplemente significa que están legalmente obligados a estarlo”.

Por ahora, Contreras habla con su hija por teléfono los Martes, cuando el administrador de casos de Jacqueline la deja llamar.

Esta semana, Contreras le pidió a Jacqueline que describiera su día. Ella se preocupa por la tos que su hija ha desarrollado. Hace prometer a su hija que le dirá si alguien intenta hacerle daño.

Sobre todo, ella trata de hacer reír a Jacqueline, para hacer que se olvide de por qué están separadas.

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Patricia Frias

Productor de contenido digital para Memphis Noticias.

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