Editorial | Renee Nicole Good: cuando el poder olvida la humanidad

Untitled-1-208
Renee Nicole Good 

La muerte de Renee Nicole Good no puede ni debe pasar como un hecho más en la larga lista de casos donde el uso de la fuerza termina apagando una vida. No esta vez. No así.

Renee tenía 37 años. Era madre. Poeta. Hija. Una mujer descrita por quienes la amaban como compasiva, solidaria, profundamente humana. Hoy su nombre resuena desde Minneapolis hasta Memphis, no por algo que haya hecho mal, sino por la forma brutal y confusa en la que su vida terminó a manos de un agente federal.

Esta semana, la comunidad de Memphis se reunió en una vigilia cargada de dolor, indignación y solidaridad. No fue una protesta vacía. Fue un acto de conciencia colectiva. Organizaciones comunitarias, líderes religiosos, activistas y funcionarios electos se unieron para decir algo simple pero poderoso: la vida de Renee importa.

Importa aunque algunos intenten justificar su muerte con reportes oficiales. Importa aunque se repita, una y otra vez, el discurso de la “defensa propia”. Importa porque detrás del video, detrás del comunicado del gobierno, hay tres niños que hoy crecen sin su madre. Hay padres enterrando a una hija. Hay una familia rota para siempre.

En Memphis, el reclamo fue claro. “¿Quiénes son esos agentes que operan en vehículos sin identificación, sin uniforme claro, con el rostro cubierto? ¿Qué clase de miedo generan en las comunidades cuando el poder se presenta sin rostro y sin nombre?”, cuestionó Keith Caldwell, presidente de MICAH, durante la vigilia. Sus palabras resonaron con fuerza entre los presentes cuando añadió que no todo lo que ha sido legal en este país ha sido moral. Y esa frase pesa. Pesa mucho.

El despliegue masivo de agentes federales, las redadas y la militarización de la aplicación de las leyes migratorias están dejando una estela de temor, especialmente en comunidades vulnerables. Y cuando ese miedo se cruza con armas, el resultado puede ser mortal. Renee es prueba de ello.

Desde Memphis, el mensaje es claro: solidaridad total con la familia de Renee Nicole Good. No hay palabras suficientes para aliviar el dolor de perder a una madre, a una hija, a una compañera de vida. Pero sí hay algo que puede y debe hacerse: no guardar silencio. No normalizar lo inaceptable. No mirar hacia otro lado.

Exigir una investigación transparente no es un acto de rebeldía. Es un acto de responsabilidad. Pedir rendición de cuentas no es atacar a las instituciones, es exigir que funcionen con humanidad y justicia.

Memphis encendió velas por Renee, pero también encendió conciencia. Que su nombre no sea reducido a un expediente. Que su memoria nos recuerde que la justicia no es solo ley, también es compasión. Y que su familia sepa, hoy y siempre, que no están solos.