En un movimiento que sacude los cimientos del liderazgo militar de Estados Unidos, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, obligó a dimitir al jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Randy George, junto a otros dos altos mandos. La decisión, confirmada por fuentes oficiales, marca otro capítulo en la reconfiguración del poder dentro del Pentágono.
El portavoz principal del Departamento de Defensa, Sean Parnell, confirmó la salida de George en un comunicado emitido el jueves. “El Departamento de Guerra agradece las décadas de servicio del general George a nuestra nación. Le deseamos lo mejor en su jubilación”, expresó. La salida fue inmediata. Sin transición. Sin fecha futura.
George, quien asumió el cargo en septiembre de 2023 como el 41.º jefe del Estado Mayor del Ejército, no era un desconocido dentro de la estructura de poder. Durante la administración Biden, se desempeñó como asistente militar principal del entonces secretario de Defensa, Lloyd Austin. Un detalle que, según funcionarios, pesó en la decisión.
Fuentes cercanas al proceso indican que Hegseth llevaba tiempo considerando su destitución. La relación con el liderazgo del Ejército se había deteriorado, marcada por desacuerdos internos y tensiones con el actual secretario del Ejército, Dan Driscoll. Ambos, George y Driscoll, eran aliados. Y eso también contó.
La salida del general no ocurre en el vacío. Llega en medio de un escenario internacional complejo, con Estados Unidos involucrado en un conflicto activo con Irán. El presidente Donald Trump, en un discurso reciente, aseguró que la guerra podría terminar “pronto”, aunque advirtió que vendrán más ataques antes de cualquier desenlace.
En paralelo, Hegseth también destituyó al mayor general William Green, jefe de capellanes del Ejército, y al general David Hodne, comandante del Comando de Transformación y Entrenamiento. Tres salidas en un solo día. Tres piezas clave fuera del tablero.
¿Quién ocupará ahora el cargo más alto del Ejército? Aún no hay respuesta oficial. Sin embargo, dos funcionarios señalaron que Hegseth ha impulsado recientemente al general Christopher LaNeve como subjefe del Ejército, en lo que podría interpretarse como un paso estratégico para colocarlo eventualmente al mando.
No es un hecho aislado. Durante el segundo mandato de Trump, Hegseth ha removido a múltiples figuras de alto nivel. Entre ellas, el teniente general Jeffrey Kruse, de la Agencia de Inteligencia de Defensa, tras discrepancias sobre la evaluación de ataques a instalaciones nucleares iraníes. También la vicealmirante Shoshana Chatfield, representante ante la OTAN, por “pérdida de confianza”.
La lista continúa: el general CQ Brown Jr., el general Timothy Haugh, la almirante Lisa Franchetti y la almirante Linda Fagan. Nombres que hasta hace poco representaban la estabilidad de las fuerzas armadas. Hoy, forman parte de una reestructuración profunda.
La pregunta queda en el aire: ¿se trata de una limpieza necesaria o de una concentración de poder que podría tener consecuencias a largo plazo? Mientras tanto, dentro del Ejército, la incertidumbre crece. Y en tiempos de guerra, esa incertidumbre pesa el doble.






