Caracas amaneció este domingo bajo una nueva realidad política. Con Nicolás Maduro fuera del país y bajo custodia estadounidense, el alto mando militar venezolano reconoció oficialmente a la vicepresidenta Delcy Rodríguez como presidenta interina por un período de 90 días.
El anuncio lo hizo el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, en una declaración televisada en la que respaldó la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia que ordena la sucesión constitucional. “La patria debe seguir su curso constitucional”, afirmó, al tiempo que pidió a los venezolanos retomar sus actividades económicas, laborales y educativas.
Rodríguez, quien ocupa la vicepresidencia desde 2018 y es la siguiente en la línea de sucesión, ha sido una de las figuras más influyentes del chavismo en los últimos años. Desde ese cargo supervisó amplios sectores de la economía petrolera y mantuvo control político sobre los organismos de inteligencia del Estado. El sábado, el Tribunal Supremo le ordenó asumir como presidenta interina del país.
La transición ocurre horas después de una audaz operación militar estadounidense que culminó con la captura de Maduro en Caracas y su posterior traslado a Nueva York. Allí, tanto él como su esposa, Cilia Flores, enfrentarán cargos federales relacionados con narcotráfico y presunta colaboración con organizaciones criminales designadas como terroristas, acusaciones que Maduro siempre ha negado.
Un video difundido en redes sociales desde una cuenta vinculada a la Casa Blanca muestra a Maduro sonriente mientras es escoltado por dos agentes de la DEA que lo sujetan por los brazos dentro de una oficina federal.
Desde Washington, el presidente Donald Trump confirmó el sábado que Estados Unidos ha mantenido contacto con Rodríguez. “Esencialmente está dispuesta a hacer lo que consideremos necesario para que Venezuela vuelva a ser grande”, declaró. No obstante, Trump también lanzó una advertencia directa. En una entrevista con The Atlantic, publicada el domingo, aseguró que si Rodríguez “no hace lo correcto, pagará un precio muy alto, probablemente mayor que Maduro”.
El secretario de Estado, Marco Rubio, adoptó un tono más diplomático. En el programa Face the Nation with Margaret Brennan, afirmó que las conversaciones con el nuevo liderazgo venezolano “son asuntos delicados y complejos que requieren gran madurez política”. Sin embargo, fue claro en señalar que los objetivos de Estados Unidos no han cambiado. “La diferencia es que la persona que estaba a cargo antes no era alguien con quien se pudiera trabajar”, dijo.
Rodríguez, sancionada por Estados Unidos durante el primer gobierno de Trump por su papel en el debilitamiento de la democracia venezolana, reaccionó con dureza a la captura de Maduro. En un discurso transmitido por la televisión estatal el sábado por la noche, calificó la operación estadounidense como “bárbara” y como un “secuestro ilegal e ilegítimo”, denunciándolo como un ataque directo a la soberanía nacional. Exigió la “liberación inmediata” de Maduro y de su esposa, aunque dejó abierta la puerta a un eventual diálogo con Washington.
“Aquí tenemos un gobierno con claridad… estamos dispuestos a tener relaciones respetuosas”, dijo Rodríguez. “Es lo único que aceptaremos para una relación después de haber atacado a Venezuela”.
Padrino López también denunció que durante la redada estadounidense algunos de los escoltas de Maduro fueron asesinados “a sangre fría”, aunque no ofreció cifras oficiales. Hasta el momento, las autoridades venezolanas no han presentado un balance de heridos o fallecidos. Trump reconoció que hubo efectivos estadounidenses heridos, pero aseguró que no se registraron muertes.
Mientras el país intenta volver a la normalidad, Venezuela entra en una etapa incierta, con una presidenta interina en el poder, su líder histórico detenido en Estados Unidos y la mirada del mundo puesta sobre Caracas. La pregunta ahora es clara: ¿qué rumbo tomará el país en los próximos 90 días?





